Socialización durante nuestro ciclo vital


Ya en un episodio anterior hemos determinado el significado de la socialización y es muy amplia la participación de diferentes elementos o contextos que influyen en nuestro aprendizaje en sociedad, como por ejemplo la familia, las instituciones escolares, nuestro grupo de iguales, los medios de comunicación, el entorno laboral, el grupo de fieles, la clase social a la que pertenezcamos, etc. En este artículo distinguiremos algunas sencillas características de dicho proceso según la etapa cronológica en la que nos encontramos (infancia, adolescencia, juventud y edad adulta): Como todo individuo que llega a este mundo, comenzaremos por la infancia, entendiendo la misma como el lapsus cronológico comprendido entre la salida de la cuna y la adolescencia, momento en el que a través de la familia y la escuela se facilitará afectividad, seguridad y ciertos esquemas que más adelante constituirán nuestra personalidad. Por su parte, la adolescencia (fijada generalmente entre los 12 y 18 años de edad), dará lugar a una transformación en la que pasaremos de un estado salvaje (infancia) a uno civilizado (adultez); una etapa donde el afecto y apoyo de la familia se reclamará a través de manifestaciones de rebeldía (identificadas con la pérdida de características infantiles, el deseo de buscar su propia identidad y autoafirmación). El adolescente buscará ser aceptado y autoafirmarse entre su grupo de iguales a través de la originalidad, la diferencia y singularidad para que le reconozcan como tal. La juventud en cambio, es el momento de acceder a la sociedad civil de manera activa, durante la cual desarrollaremos tres tipos de integraciones humanas: la que nos prepara profesionalmente para la vida del trabajo, la entrada en el amor y el comienzo de la vida cívica y política, por lo que nuestro desarrollo social en esta etapa, finalizará cuando estemos correctamente insertos en la sociedad de la que formamos parte. Posteriormente, se llamará adulto a quien haya concluido su crecimiento y cuyo cuerpo haya alcanzado madurez biológica, dentro del proceso de socialización se presentará el deseo de prestigio y reconocimiento donde como adultos buscaremos la aceptación de nuestros iguales y superiores para superar la tendencia a la inhibición, sentirnos integrados, así como establecer relaciones interpersonales para lo que destinaremos parte de nuestro tiempo. Finalmente, dentro de esta clasificación ubicaremos a las personas mayores siendo su límite inferior (establecido por los países enriquecidos) los 65 años de edad; donde la socialización entre iguales ayudará a los mayores adaptarse al medio con mayor aceptación de su edad y de sus limitaciones físicas, un período en el que se perciben cambios físicos, disminución de las capacidades personales, pérdida de reflejos, pero el aumento de la sabiduría experiencial, mayor paciencia y un destacado relativismo del que carecemos en etapas anteriores. Aura I. Cano